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Lina Cristiano, terapeuta integral, coach personal, coaching, consultoría, Venezuela

Somos el canal a través del cual fluye la gracia.

 

 

Dar y Recibir, como eventos que ocurren de manera simultánea, es una idea cuyo fundamento espiritual, pudiera resultar complejo ó inusual para algunos: el dar engendra recibir, porque no podemos dar lo que no tenemos, o no hemos recibido. Sin embargo, actuar motivados por el ego (la autoimagen, la soberbia, el deseo de ser aceptados, reconocidos, valorados y recompensados), contamina y desvirtúa el acto de dar, dado que lo que nos motiva no es su fundamento espiritual, sino la retribución que pudiéramos obtener.
Un nuevo enfoque para el acto de “dar”, motivados por su sentido espiritual, requiere el humilde reconocimiento de que aquello que ofrezco, doy o comparto me ha sido concedido, es decir, que ya lo he recibido, de no haberlo recibido, no podría darlo, porque simplemente no contaría con ello. Reconocer con humildad, el Verdadero propósito y procedencia de lo que he recibido y tengo, y agradecerlo, es lo que nos da la oportunidad de darlo ó compartirlo desde la comprensión espiritual que ese acto implica, y poder cumplir con el propósito por el que nos fue otorgado. Este enfoque, se basa en que, todo aquello que tenemos: talentos, habilidades, dinero, bienes materiales, trabajo, capacidades, son recursos que se nos otorgan con una finalidad, y esa finalidad, no es precisamente vanagloriarnos. Aquello que recibimos y tenemos, se nos entrega para servir como un canal a través del cual Dios se manifiesta y expresa en el mundo. Para actuar guiados por ésta idea, requerimos de la fé y humildad suficiente que nos permitan comprender y asumir los principios en los que se basa, y asumir la responsabilidad personal y espiritual, que implica disponer de los recursos que se tienen, y el uso que se les da, y poder compartirlos ó ponerlos al servicio, incondicionalmente, con amor y desprendimiento, con nobleza y humildad. Adoptar éste enfoque, y actuar basados en él, contribuye a liberarnos de los condicionamientos y pretensiones egocéntricas, de motivaciones e intenciones distorsionadas, que a veces implícita, y otras veces explícitamente, pretendemos al dar, y que obstaculizan el cumplimiento del Verdadero propósito por el que disponemos de determinados recursos.
El conocimiento espiritual y el nivel de conciencia que nos impulsa al dar, determina lo que nos vendrá de vuelta, es decir, el resultado que produciremos debido a esa acción, tanto en nuestra vida, como en la vida de los demás. Esto se basa en leyes espirituales y principios universales, que establecen cómo operan las cosas en el universo. Contar con este conocimiento y nivel de conciencia, nos permite crear un fundamento trascendente que sustente nuestras acciones, y sus resultados, tanto para nosotros como para los demás.
Dios nos ama y confía en TODOS nosotros, sin excepción, la Gracia es inmerecida, no nos la hemos ganado, se nos da y punto, y se nos otorga a TODOS de las más diversas formas, no hay manera de cuantificar ni de comparar los recursos de todo tipo con los que cada uno ha sido dotado, muy a pesar de las diferencias aparentes. Sin embargo, no hay ningún desequilibrio en esto, aunque en muchos casos, se perciba que sí lo hay, porque, tendemos a concentrarnos en lo que no tenemos, en lugar de hacerlo en lo que sí tenemos, de todos modos, el reconocimiento, gratitud y uso de los recursos con los que cada uno cuenta, no depende de Dios, sino de nosotros.
Muchas veces, medimos y controlamos lo que damos, condicionados por la respuesta que obtenemos, ó pudiéramos obtener. Cuando hacemos ó damos algo de manera egocéntrica (sintiéndonos superiores, por sentimientos de culpa, por compromiso, por sentirnos en deuda, por buscar aprobación, compensación ó reconocimiento), contaminamos el contenido, propósito y resultados de esa acción, y esos resultados terminan por revelarse.
Basados en éste enfoque, es esencial redefinir lo que realmente significa e implica dar, para aprender a desprendernos del egocentrismo cuando hacemos un favor, compartimos lo que sabemos ó tenemos, cuando tenemos algún detalle, brindamos apoyo ó “ayudamos” a alguien, y lograr esto, requiere humildad, y una comprensión profunda de nuestra misión en el mundo, un reconocimiento trascendente acerca de la procedencia y propósito de los recursos que nos permiten cumplirla. Dejar de pretender que los demás están en deuda con nosotros, dejar de exigir ó tener expectativas en relación con lo que hemos hecho ó dado, dejar de pretender que el otro se ha beneficiado y nosotros no, o que nos quedamos sin algo por haberlo dado, es una idea que puede no resultar fácil de asimilar y comprender, sobre todo, en el mundo, la sociedad y el contexto que nos hemos creado, debido a ello, pensar y actuar según éstos principios, requiere un nuevo enfoque, una nueva percepción, una nueva conciencia, requiere conocimiento espiritual, fé, sabiduría, nobleza y una profunda humildad.
Brindar apoyo, estar incondicionalmente dispuestos a dar, servir y “ayudar” a los demás, constituyen valiosos medios para crecer y evolucionar personalmente, porque nos presentan la oportunidad de aprender a compartir con desapego lo que somos y tenemos, a ser humildes y agradecidos, son oportunidades que se nos otorgan para que sirvamos de mensajeros del amor incondicional de Dios por nosotros, para honrar y glorificar a quien nos lo ha concedido, no a nosotros mismos. El dar, no es un acto que debiera sugerir superioridad, exigencias ó expectativas de ninguna índole, la superioridad y el poder son de Dios, nosotros somos apenas un medio para su expresión y manifestación, y, para servir a éste propósito, ya todos hemos sido dotados.
Sentir gratitud hacia Dios, por su gracia en nuestra vida, y por tener la oportunidad de compartir, “ayudar” ó servir a alguien, con lo que Él nos ha dado, independientemente de la respuesta que recibamos debido a ello, requiere grandes dosis de humildad, y tiene un fundamento espiritual cuyas implicaciones demandan un elevado nivel de conciencia, que corresponde a nosotros desarrollar y mantener.
Si vemos que no nos es posible hacer algo, dar o compartir, motivados y basados en éstos principios, lo más inteligente y sano que podemos hacer es abstenernos de dar, así, nos evitaremos la egocéntrica sensación de haber sido utilizados ó abusados, con todo el malestar, incomodidades y frustración que ello genera. Cuando asumimos la responsabilidad de las intenciones y motivaciones de nuestros actos, nos evitaremos crear una potencial situación desagradable, tanto para nosotros como para aquellos a quienes dirigimos nuestras acciones.
La satisfacción de exigencias y expectativas es algo que escasamente ocurre, y menos cuando se sienten como una imposición ó demanda, aunque no se diga explícitamente. Debido a esto, suelen traernos frustración, resentimientos, malestar y conflictos. No siempre seremos reconocidos, recompensados ó retribuidos por lo que hacemos ó damos, a veces ni siquiera se agradece, y aunque puede resultar agradable y satisfactorio cuando ocurre, esperar ó exigir que así sea, indica que pretendemos que se trata de un negocio ó intercambio, y si bien, es razonable que nos apoyemos y ayudemos mutuamente, no siempre ocurre, porque cada quien da según aquello en lo que cree, sabe y puede, y no podemos controlar ni imponer a otros cómo deben responder a nuestras acciones, por ello, considerarlo un intercambio ó negocio, puede resultar muy frustrante, además de que, es un acto de soberbia y manipulación, que carece de fundamento espiritual. El contenido de nuestra acción al dar, y ese contenido incluye: intenciones, motivaciones y expectativas, revelará ante nosotros y ante los demás, si se tiene ó no este nivel de conciencia y comprensión, porque tarde o temprano, sus resultados dejarán en evidencia la calidad de esa acción.
Las acciones motivadas por éstos principios, tienen tanto en nuestra vida como en la vida de los demás, el milagroso efecto multiplicador de una onda expansiva, armonizadora y benefactora de amplio alcance, debido a su intrínseco poder de trascendencia, dada la connotación espiritual que las impregna. En las acciones de Jesús, tenemos infinidad de ejemplos de esto, también podemos mencionar a la Madre Teresa de Calcuta, entre tantos miles de seres que vivieron y expresaron con su vida y sus acciones, el enfoque que aquí se ha expuesto, seres de buena voluntad, que han sido y son ejemplos de sabiduría, entrega, nobleza, desprendimiento y amor incondicional por la humanidad. No necesitamos ser beatos ni santos para vivir según este enfoque, necesitamos fé, humildad y nobleza, y si bien, practicar ésta idea pudiera no resultar fácil, depende únicamente de nosotros cuáles serán los preceptos, el fundamento y principios que motiven y dirijan nuestras acciones, según los cuales hacemos nuestra contribución al mundo, a la sociedad, al contexto en cual vivimos, y hacia nosotros mismos, esa es nuestra responsabilidad, y sus resultados también.
La Verdadera y Única Fuente de todo aquello que logramos, tenemos y ofrecemos durante nuestra existencia, es Dios, y Él, no pretende ni nos ha pedido nada a cambio. La fé y gratitud hacia Dios, con humildad, es lo que nos permite honrar y agradecer poder extender y multiplicar su Gracia en nuestra propia vida, y en la vida de los demás, lo cual es en sí mismo, una gran misión personal que todos tenemos, aunque a veces no la comprendamos o nos resistamos a cumplirla.

 

 

Lina Cristiano

Lina Cristiano

Ing. Terapeuta Integral, Coach personal.
Consultor en gerencia para la Vida

Valencia, Venezuela

 

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